Este cartel que no trafica con drogas ni con armas sino con las ideas ajenas, tiene infiltrados en colegios, universidades, oficinas y hasta en las casas, así que tarde o temprano todos seremos víctimas de esa perversa mafia llamada 'amigos (o usurpadores) de las ideas ajenas'.
Este cartel suele estar conformado por peligrosos capos que no usan dientes de diamante ni grifos de oro, ni tienen como mascotas hipopótamos o jirafas sino por individuos atentos a apropiarse de cuanta idea buena y ajena les llame su atención o disimule su incapacidad creativa. No entienden por qué a ellos no se les ocurrió mientras que al cretino de al lado sí. Como buen grupo al margen de la ley, no tienen problema en apropiarse de esa ‘creación’ que no les pertenece.
A este cartel le cuesta trabajo entender que algunas personas son cultivadoras y otras consumidoras y que por el bien del negocio no deben mezclarse las dos actividades. Conozco muy bien a un capo de este ilícito. Se trata de un personaje que intenta demostrar que sabe de todo y que además es 'divertido' como él mismo se define. Es decir, que para dejar en evidencia que 'yo sé lo que en realidad no sé' se apropia de todas las ideas ajenas que captan su atención.
Señor usurpador: entienda que simplemente no puede sabérselas todas, que así como Natalia París se da por bien servida con su belleza, sin hacer gala de su inteligencia o como Nacho Vidal se ufana de sus dotes físicos pero nunca de sus habilidades numéricas, usted puede saber de jardinería pero no de fotografía, moda y, además, ser 'divertido'... que, ¿por qué no? Porque así es la vida.
Es cierto, es inevitable entrar a Crepes y no pensar 'qué negocio tan bueno' o ver La pelota de las letras y no pensar que Andrés López es un genio, pero Capuccheto quebró por intentar copiar a Crepes, La Brasa Rola no es tan exitosa como La Brasa Roja ni la Suridora de Aves vende lo mismo que la Surtidora de Aves. Por ser una idea original es que la pelota de letras facturó lo que facturó y por eso mismo el stand up comedy Cada niño con su boleta no duró más de un mes en cartelera, porque resulta que eso que propone Alejandro Riaño ya no es una idea original sino una imitación; son unos Reedbrook, no unos Reebook.
Lo cierto es que como no se me ocurrió a mí, sino a otra persona como resultado de un golpe de suerte quizás, eso implica per se un respeto a los derechos de autor. Yo se, duele pensar que 'esa idea es demasiado buena para no habérseme ocurrido a mí', pero así fue. La única alternativa es entrenar más para ver si algún día le ‘pega al perro’.
Yo, por supuesto, también he sido víctima de esa delincuencia intelectual, básicamente en el ámbito laboral, uno de sus escenarios favoritos, y por personas que ocupan un rango superior, uno de sus principales victimarios. Recuerdo, más de una vez, esas reuniones de trabajo entre iguales y alguien de un rango mayor (evidente solamente por su salario) que preguntaba: quién se les ocurre qué podría funcionar para tal fin o qué personaje podría ser perfecto para tal otra cosa. Bueno, pues 'fulanito podría ser porque...', 'claro, ese es perfecto' y minutos después ver a ese personaje entrar a la oficina del cacique mayor para decirle: 'lo tengo' sin ningún crédito correspondiente y escuchar después un 'excelente idea'.
Pero el 'raponeo’ del que he sido víctima de manera más reciente ha sido un poco más descarado. Acá ya ni siquiera se toma el trabajo de hacerlo a escondidas sino de frente con frases como 'se me ocurre que lo que podemos hacer es...' o 'una buena alternativa es optar...', 'te envío mi propuesta' dirigida a ‘los más’ con ideas ajenas, sin crédito alguno y lo peor, con copia a mi, es decir el robo de frente.
Señores usurpadores: destaco su habilidad para aprovechar las ideas ajenas, reconozco su habilidad para repetir en voz alta un buen apunte que alguien le dio en voz baja, sé de su habilidad para la copialina. Esas son virtudes que bajo ningún punto de vista puedo desconocerle, pero por eso mismo le sugiero que a la hora de usurpar ideas lo haga de manera más profesional: que evite mirar a su víctima de reojo como intentando saber si se está dando cuenta o no del ‘chalequeo’, que no suba la voz en el momento en que vaya a hacer pública su apropiación porque se pondrá en evidencia y que entienda que si usted tiene un nivel de inteligencia tan alto en el arte de robar intelectualmente no puede, además, parecer creativo: de lo contrario, siempre será evidente a qué cartel pertenece usted.
Yo conozco otro cartel, que manda a la cárcel a sus profesores porque creen que ellos les plagiaron un párrafo de una tesis. No sé si sean amigos de estos o si les hacen la competencia...
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